Migrañas: en busca de solución para una enfermedad de mil millones de personas

Notas Inf Redes Sociales 46 / Medical Solutions
Hace 2.500 años, el médico griego Hipócrates ya describió pacientes que comenzaban viendo chiribitas en la nada, seguían con fuertes dolores en la mitad del cráneo y, en ocasiones, acababan vomitando. Hacia el siglo II, el romano Galeno distinguió los dolores de cabeza comunes de las migrañas (hemicráneas, las llamó) y sabios del mundo islámico como Avicena también se preocuparon por este sufrimiento tan común siglos después. Las soluciones en aquellos tiempos, que incluían trepanaciones o el uso de sanguijuelas, tendrían la eficacia habitual de la medicina de la época, pero la llegada de la ciencia moderna tampoco dio una solución rápida a los dolientes. Hace muy poco, en 1986, en el Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry, JMS Pearce reconocía que aún era “extremadamente difícil investigar la migraña”.
Esta historia reciente y el hecho de que la migraña sea con frecuencia una herencia familiar, hace que muchas personas crean que sus herramientas contra la enfermedad son las mismas que las de generaciones anteriores: resignación y automedicación. Sin embargo, los especialistas destacan los numerosos avances de los últimos años y aseguran que un buen diagnóstico es clave para reducir el sufrimiento de millones de personas que aún pasan las migrañas sin ayuda médica. Aunque con una gravedad variable, los migrañosos son más del 10% de los humanos.
Una parte importante del cambio comenzó hace cuatro décadas con el trabajo de cuatro investigadores que el año pasado recibieron el prestigioso The Brain Prize, dotado con 1,3 millones de euros. El estadounidense Michael Moskowitz propuso que el ataque de migraña comenzaba con una activación de las fibras del trigémino, que transmiten sensaciones del rostro al cerebro. Esa activación libera señales químicas que dilatan los vasos sanguíneos de las meninges (una fina membrana que rodea el cerebro) y la consiguiente inflamación provoca el dolor de cabeza.
La migraña, que afecta a tres mujeres por cada hombre, fue menospreciada con frecuencia como una enfermedad de mujeres histéricas o un dolor de origen psicológico relacionado con el estrés. Sin embargo, los estudios científicos de las últimas décadas han demostrado que, pese a que el estrés desempeñe un papel en el desencadenamiento de los ataques, la migraña tiene su origen en procesos biológicos que se pueden identificar y manipular. Ahora, los expertos destacan la importancia de que muchas personas que sufren estas cefaleas en soledad o con automedicación reciban un diagnóstico adecuado y a tiempo para ser tratados según lo necesiten.
Irimia apunta por último a un problema de visibilidad. “En otras enfermedades hay gente famosa que sale y cuenta su caso, pero con la migraña no sucede”, afirma. “No es razonable que alguien oculte este problema por miedo a que no lo contraten y ya hay algunas estrategias para mejorar la visibilidad de la migraña en el entorno laboral, para dar formación a las personas para que conozcan bien su dolor de cabeza y que aquellas personas que tienen una incapacidad se puedan beneficiar de los tratamientos disponibles. Eso beneficia también a las empresas”, resume el neurólogo.
Pozo-Rosich insiste en que aunque la migraña no mate causa mucho dolor en los años más productivos de muchas personas. “Tenemos que darnos cuenta de la importancia que tiene tratar estos problemas para que la gente no solo viva sino que viva más feliz y sea más capaz y productiva. Hay que invertir en sobrevivir, pero también en vivir mejor”, remacha.
Fuente: El País

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