¿Cómo funciona un Laringoscopio?

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El laringoscopio, también llamado laringo, es un instrumento médico que permite visualizar el interior de la laringe y la faringe. Este procedimiento recibe el nombre de laringoscopia, y se realiza comúnmente para examinar las cuerdas vocales y la glotis.

Estos instrumentos suelen tener una fuente de luz que ofrece una mejor visualización durante la laringoscopia.

Partes del laringoscopio

El laringoscopio está formado por dos partes: el mango y la hoja.

Mango: Sirve para coger y controlar el instrumento. En su interior se encuentran las pilas o baterías necesarias para prender la luz, que generalmente suele ser fibra óptica debido a su capacidad de iluminación, aunque también se utilizan otro tipo de bombillas incandescentes o led. También contiene la cuchilla que se introduce en el interior de la laringe durante la laringoscopia, aunque en contra de lo que pueda parecer por su nombre, no producen ningún tipo de corte en los tejidos.

Hoja: También conocidas como pala, se utiliza para apartar la lengua y la epiglotis del paciente. En la punta de la hoja se encuentra la fibra óptica o la pequeña bombilla para facilitar la inspección. Puede ser desechable o reutilizable, en cuyo caso se debe esterilizar antes de cada nuevo uso.

Estas dos partes de un laringoscopio en la gran mayoría de ocasiones vienen separadas entre ellas, y hay que montarlas para poder utilizarlo. Su montaje es simple y se consigue en pocos segundos.

Tipos de hoja

Existen dos tipos de hojas de laringoscopio según su forma: curvas, llamas Macintosh, y rectas, llamadas Miller.

Macintosh: Tienen una curva suave y continua de lado a lado, que comprime la lengua y eleva la epiglotis indirectamente con la hoja levantada. Su tamaño es el mismo que la distancia que hay entre los dientes y las cuerdas vocales.

Miller: Tienen una forma recta y está diseñada para mover la lengua hacia un lado en lugar de comprimirla, permitiendo de esta manera un mayor ángulo de visión en el interior del paciente. Se utiliza comúnmente en casos de epiglotis flácidas y en niños.

¿Cómo se realiza una laringoscopia?

Antes de realizar una laringoscopia es necesario comprobar que el laringoscopio funciona correctamente. Esto incluye comprobar que su apertura y su cierre sean buenos y que funciona la fuente de luz de la hoja.

Este instrumento únicamente se utiliza en la laringoscopia directa. El paciente ha de adoptar una posición que permita acceder a la laringe con el menor trauma posible. Se utiliza una posición llamada “posición de olfateo”, que consiste en flexionar el cuello sobre el tronco y extendiendo la cabeza sobre el cuello.

Con esta postura se consigue la alineación de los ejes oral, faríngeo y laríngeo, de manera que se puede visualizar la laringe correctamente.

La hoja del laringoscopio se introduce por la comisura derecha del labio y con ella se desplaza la lengua hacia el lado izquierdo. Una vez se ha llegado hasta la pared de la laringe, se eleva la punta de la hoja para dar con la epiglotis.

Una vez localizada, dependiendo del tipo de hoja que se esté empleando, el profesional tendrás que realizar una acción u otra.

Si utiliza una hoja Macintosh, debe presionar la vallecula con la punta, cosa que provocará la elevación indirecta de la epiglotis. Si en cambio utiliza una hoja Miller, eleva la epiglotis directamente con la punta.

Acto seguido, se introduce el instrumento unos centímetros más y se levanta la punta para poder visualizar la epiglotis.

Los laringoscopios también pueden servir para eliminar objetos que no deberían estar ahí o para obtener muestras de tejido.

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